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La UE cambia las reglas: la batería de los dispositivos debe ser fácilmente reemplazada

Un cambio de normativa, un nuevo giro de guion y un problema de diseño para todo aquel fabricante que quiera vender en Europa. La UE ha lanzado unos nuevos requisitos para el espacio económico europeo sobre la sostenibilidad, rendimiento y etiquetado de cualquier producto de consumo informático, electrodoméstico y en definitiva, dispositivo que sea seguro, donde la batería debe poder quitarse de forma simple por parte de los usuarios. ¿Volvemos a los años 2000?

No son normas nuevas como tal, sino una revisión de las ya existentes donde la UE sigue empeñada en ponerle puertas al campo y hacer las cosas más difíciles para los fabricantes, aunque con buenos motivos. El viernes se acordó el principio de las normas para cubrir todo el ciclo de vida de una batería, desde el diseño hasta el final de su funcionamiento, para así simplificarlo todo y, por otra parte, usar materiales reciclados y declarar lo que han denominado «huella de carbono».

Baterías más fáciles de quitar a todo dispositivo que se venda en la UE

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La normativa nos beneficiará a todos, porque es volver al pasado, a algo que los que peinamos canas ya hemos visto y vivido, pero por otro lado va a tener un impacto que no va a gustar a nadie. ¿Qué dice la norma al respecto tras su revisión?

Las normas acordadas cubrirán todo el ciclo de vida de las baterías, desde el diseño hasta el final de su vida útil y se aplicarán a todos los tipos de baterías vendidas en la UE: baterías portátiles, baterías SLI (que suministran energía para el arranque, iluminación o encendido de vehículos), baterías ligeras baterías de medios de transporte (LMT) (que proporcionan energía para la tracción de vehículos de ruedas como scooters y bicicletas eléctricas), baterías de vehículos eléctricos (EV) y baterías industriales.

Las baterías deben ser más sostenibles, eficientes y duraderas. Según el acuerdo, será obligatoria una declaración de huella de carbono y una etiqueta para las baterías EV, las baterías LMT y las baterías industriales recargables con una capacidad superior a 2 kWh. Tres años y medio después de la entrada en vigor de la legislación, las baterías portátiles de los electrodomésticos deben estar diseñadas para que los consumidores puedan quitarlas y reemplazarlas fácilmente.

Para informar mejor a los consumidores, las baterías llevarán etiquetas y códigos QR con información relacionada con su capacidad, rendimiento, durabilidad, composición química, así como el símbolo de “recogida selectiva”. Las baterías LMT, las baterías industriales con una capacidad superior a 2 kWh y las baterías EV también deberán tener un «pasaporte de batería digital» que incluya información sobre el modelo de la batería, así como información específica de la batería individual y su uso.

¿Qué tiene esto de malo podrás pensar? Pues repercutirá en los servicios técnicos y en las marcas. En tres años cualquiera podrá cambiar una batería, mientras que ahora se necesitaba acudir a un técnico o servicio de la marca para sustituirla, como en el caso de Apple y los iPhone. Por supuesto, esto es algo que las marcas cobrarán en los precios, algo que también tendremos que sufrir con los cambios en los diseños de los nuevos productos que implicarán más costes al tener más partes extraíbles.

Política de diligencia debida

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El reglamento va más allá y prevé cuatro puntos muy interesantes:

  • Los objetivos de recolección se establecen en el 45 % para 2023, el 63 % para 2027 y el 73 % para 2030 para baterías portátiles, y en el 51 % para 2028 y el 61 % para 2031 para baterías LMT.
  • Los niveles mínimos de cobalto recuperado (16 %), plomo (85 %), litio (6 %) y níquel (6 %) de los desechos de fabricación y consumo deben reutilizarse en baterías nuevas.
  • Todos los residuos de baterías LMT, EV, SLI e industriales deben ser recolectados, sin cargo para los usuarios finales, independientemente de su naturaleza, composición química, condición, marca u origen.
  • A más tardar el 31 de diciembre de 2030, la Comisión evaluará si elimina gradualmente el uso de baterías portátiles no recargables de uso general.

Dicho esto, son buenas noticias para el medio ambiente y para los usuarios en cuanto al mantenimiento gratuito de sus baterías, puesto que ahora pueden ser cambiadas como antaño sin problemas. La parte negativa es que todo esto huele y bastante a que al pasar por caja la factura tendrá un importe mayor, porque muchas empresas van a perder dinero al no cobrar por reparaciones básicas de batería y sus cambios.

Veremos en qué termina todo esto y si, como espera la UE, estas medidas podrían convertirse en un punto de referencia para todo el mercado mundial de baterías.